
La lucha libre ha sido una de mis grandes aficiones desde niño, practicamente me crie siguiendo sus personajes, rivalidades y combates, en empresas nacionales y obviamente las extranjeras, en todos los casos dejándome emocionar por el mundo en el que el espectáculo y el deporte parecen confundirse. Con el tiempo aprendí a observarla de una manera diferente, pero nunca perdí aquella fascinación infantil, por eso, cuando fallece un luchador al que vimos durante años, la noticia no se siente completamente ajena pues también desaparece una pequeña parte de ese universo que nos ha acompañado durante buena parte de la vida.
La muerte de Benjamin Satterley, conocido como PAC en All Elite Wrestling y anteriormente como Neville en WWE, ha dejado una profunda sensación de tristeza dentro del mundo de la lucha libre, al momento de escribir estas líneas, no se ha informado oficialmente la causa de su fallecimiento y por esa razón resultaria irresponsable especular o intentar relacionar directamente lo sucedido con algún episodio de su carrera.
Sin embargo, su partida inevitablemente invita a reflexionar sobre una realidad que los aficionados solemos olvidar mientras disfrutamos del espectáculo, detrás de las luces, los campeonatos y las entradas triunfales existen personas que someten su cuerpo y su mente a exigencias difíciles de comprender desde nuestras casas.
El hombre que parecía desafiar la gravedad
PAC era uno de esos luchadores capaces de hacer que lo extraordinario pareciera sencillo, sus movimientos tenían una precisión impresionante, cuando subía a la tercera cuerda, daba la sensación de que realmente podía permanecer suspendido en el aire. Su famoso Black Arrow no parecía solamente una maniobra de lucha libre, sino una demostración de control corporal que muy pocas personas podían ejecutar.
En WWE lo presentaron como “el hombre que la gravedad olvidó”, el sobrenombre no era una exageración publicitaria, al verlo luchar, por momentos parecía que las reglas normales del cuerpo humano no se aplicaban sobre él, más adelante, bajo el nombre de PAC, desarrolló una personalidad mucho más agresiva, su aspecto, su intensidad y la expresión permanente de alguien dispuesto a entrar en guerra lo convirtieron en un personaje completamente diferente al Neville que muchos habíamos conocido.
Pero detrás de ambos personajes siempre estuvo Benjamin Satterley, un ser humano de carne y hueso realizando movimientos que parecían imposibles.
La lucha libre está predeterminada, pero el impacto es real
Una de las frases más repetidas por quienes no siguen este deporte es que “la lucha libre es falsa”, y en honor a la verdad es asi, los resultados están definidos y las rivalidades forman parte de una historia, los luchadores colaboran para construir un combate y protegerse mutuamente pero nada de eso convierte en falso el golpe contra la lona ya que la gravedad no está actuando, las cuerdas no son imaginarias y el suelo no deja de ser duro porque el ganador ya fue elegido.
Cada caída exige técnica, preparación y confianza en la persona que se encuentra al otro lado del cuadrilátero incluso cuando una maniobra se ejecuta correctamente el cuerpo sigue absorbiendo el impacto y cuando vemos a un luchador como PAC girar en el aire y caer con una precisión casi perfecta, solemos celebrar la espectacularidad del momento sin pensar demasiado en la cantidad de entrenamiento, dolor y riesgo que existe detrás.
Para un luchador profesional, el cuerpo no es solamente parte de su imagen suno que es su principal herramienta de trabajo, con él debe entrenar, viajar, presentarse ante el público y repetir movimientos de mucha exigencia física, en ese contexto una molestia que para cualquiera significaría descansar algunos días puede convertirse, dentro de la industria, en un obstáculo que debe ser soportado para no perder una oportunidad.
Lo que las cámaras no muestran
Como aficionados vemos la entrada, la música, las luces y el combate, vemos a los ganadores levantar un campeonato y al público corear sus nombres, lo que rara vez vemos son las horas de entrenamiento, los constantes desplazamientos, las noches lejos de casa, la presión por mantener un determinado aspecto físico y la obligación de ofrecer una actuación memorable incluso cuando el cuerpo no se encuentra en sus mejores condiciones.
Tampoco conocemos siempre las inseguridades, el agotamiento o la soledad que pueden existir detrás de un personaje, en la pantalla observamos a PAC como intenso, desafiante y aparentemente invulnerable, fuera de ella existía Benjamin Satterley, con una familia, compañeros, amistades y una vida que no nos correspondía conocer por completo.
Quizás una de las formas más respetuosas de recordar a un luchador sea reconocer esa diferencia, el personaje puede pertenecernos durante unos minutos, pero la persona nunca deja de ser suya y de quienes realmente compartieron su vida.
La responsabilidad también pertenece a los aficionados
Como público también participamos en la evolución de la lucha libre, con el tiempo nos acostumbramos a movimientos cada vez más complejos, caídas más peligrosas y combates que buscan superar todo lo visto anteriormente, lo que hace algunos años nos habría dejado asombrados puede convertirse rápidamente en algo normal. Entonces pedimos más.
No significa que los aficionados seamos responsables de cada lesión ni que la lucha libre deba perder su espectacularidad pero sí conviene preguntarnos si, en ocasiones, confundimos un mejor combate con uno más peligroso, un luchador no debería tener que arriesgar su bienestar para demostrar que merece nuestra atención. La grandeza de PAC no se encontraba únicamente en la dificultad de sus movimientos. También estaba en su precisión, su presencia, su intensidad y su capacidad para convencernos de que cada combate representaba algo importante.
Recordar también es mirar de otra manera
La despedida de PAC también nos devuelve a otros nombres que dejaron un vacío difícil de explicar, Owen Hart, Eddie Guerrero, Brodie Lee, Bray Wyatt y tantos luchadores que acompañaron distintas etapas de nuestra vida, cada uno falleció en circunstancias diferentes y sería incorrecto reunir sus historias bajo una misma causa lo que comparten es el silencio inesperado que dejaron en un espectáculo acostumbrado a continuar siempre, incluso después de las pérdidas.
La lucha libre crea personajes que parecen inmortales, pero detrás de cada uno existe una persona con un cuerpo vulnerable, una familia y una vida que no termina cuando se apagan las cámaras quizás la mejor manera de recordarlos no sea solamente volver a mirar sus combates, sino aprender a valorar al ser humano antes que al personaje y comprender que ningún momento espectacular debería importar más que su bienestar. Durante años, PAC hizo que la gravedad pareciera irrelevante, hoy su ausencia, junto a la de quienes partieron antes que él, nos recuerda que incluso aquellos que parecían capaces de volar nunca dejaron de ser humanos.